El actor es tomado por una voz. Seré es un manual de supervivencia. Un instructivo de fuga. A partir del testimonio que Guillermo Fernández brindó en 1985, durante el Juicio a las Juntas, sobre su secuestro y fuga del centro clandestino de detención llamado Mansión Seré, un actor pone su cuerpo.
Hay obras que una termina de ver y puede empezar a escribir inmediatamente.
Con Seré no me pasó. Terminó la función y sentí una emoción inevitable, si, muy adentro en el pecho. Pero no podía hablar, hilar una idea.
El silencio de la sala, ese silencio espeso que parecía que se venía abajo, nos acompañó hasta el pasillo. Salimos caminando y durante unos segundos solamente se escucharon nuestros pasos.
Sofía Brito y Lautaro Delgado Tymruk llevan este proyecto adelante.
Una vez que empieza la obra, la iluminación diseñada por Ricardo Sica, domina tanto la luz como la oscuridad, creando sombras extrañas y logrando amplificar miniaturas.
La obra de teatro es como un gran acto de magia. Aunque no hay truco en lo que estamos escuchando. Está la fuerza de una voz grabada. La voz de Guillermo Fernández, que vuelve a contar lo que le sucedió siendo apenas un joven durante la última dictadura. La voz que testimonia días y noches de horror y crueldad, pero también es capaz de expresar ilusión, picardía y ternura.
Y esa voz parece estar ahí en la sala. Tan presente que el actor mueve la boca y creemos que es él quien pronuncia las palabras. Como un ventrílocuo, su cuerpo es tomado por la voz de Guillermo. El audio está fragmentado, ha sido intervenido. Hay una decisión poética y artística en aquello que se escucha y en aquello que queda afuera.
El relato es impactante, la puesta en escena lo vuelve una experiencia interesante, llena de matices. El actor dosifica la energía, los silencios y cada gesto implica una precisión extraordinaria.
Es un relato que no deja pestañear: sostiene una tensión permanente y expone los huesos del sistema de terrorismo de estado implementado en Argentina. Sin embargo aparece el humor también.
Rompiendo cadenas, abriendo ventanas
En una silla, Lautaro frente al público y de por medio una mesa donde hay una pequeña maqueta de Mansión Seré que nos permite ver la ventana por la que Guillermo escapó, su hazaña imposible.
Después de meses de torturas, amenazas y trato inhumano.
¿Es posible medirse moralmente con el opresor o es el opresor quien termina midiéndose con quién acusa y se ensaña?
Este manual de supervivencia, increíble pero real, nos regala esperanza porque llena el aire de posibilidades. Y eso, en estos tiempos, no es poca cosa.
Trasciende la crónica y el documento con poesía y da un salto hacia la potencia del teatro como acto de memoria y resistencia.
Hace que una voz vuelva a ocupar un cuerpo.
Ocurre algo impensado, la fuga sucede nuevamente en cada función, sigue escapando 50 años después. Asistir a la gesta con la que un joven salvó su vida, alivia, inspira y arenga cualquier sueño marginal.
Un poco de la vida de la obra
Seré se presentó en la Casa Nuestros Hijos Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, en las ruinas de la Mansión Seré y en el Teatro del Pueblo, en el marco del FIBA 2024 (Festival Internacional de Buenos Aires).
Entre otros, participó del Festival de Teatro de Rafaela 2025 y llega nuevamente a Córdoba: es su segunda visita a la ciudad, después de su presentación en el Festival Internacional de Teatro del Mercosur 2025.




