La decisión llegó después de que Milei calificara en distintas entrevistas a Lula como «ladrón», «presidiario» y «basura socialista». Desde el gobierno brasileño señalaron que la reiteración de los agravios volvió inevitable una respuesta institucional y resolvieron que, hasta nuevo aviso, la embajada en Buenos Aires quede a cargo de un encargado de negocios, una señal del deterioro en el vínculo bilateral.
Parte de los cuestionamientos del mandatario argentino se apoyan en la afirmación de que Lula recuperó su libertad por un supuesto «error administrativo». Sin embargo, la Corte Suprema de Brasil anuló las condenas al determinar que el entonces juez Sergio Moro había actuado con parcialidad durante el proceso judicial. Esa resolución permitió que Lula recuperara sus derechos políticos y volviera a competir en las elecciones presidenciales.
La tensión diplomática se profundizó tras el viaje que Milei realizó a Brasil para expresar su respaldo al espacio político de Jair Bolsonaro. Durante esa visita también cuestionó al juez Alexandre de Moraes y posteriormente continuó con sus ataques públicos hacia Lula en distintos medios de comunicación argentinos. Desde Brasil interpretan esas declaraciones como una injerencia directa en el proceso electoral que atraviesa el país.
Luego de convocar al embajador argentino Daniel Raimondi, el canciller brasileño Mauro Vieira entregó una protesta formal y confirmó la decisión de posponer indefinidamente el regreso de Bitelli. Desde el gobierno brasileño sostuvieron que mantuvieron silencio durante semanas con la expectativa de que la tensión disminuyera, pero que las nuevas declaraciones de Milei hicieron inevitable una respuesta diplomática.

La Cancillería argentina respondió mediante un comunicado en el que lamentó la decisión brasileña y la calificó como «unilateral». Además, sostuvo que Argentina no respondió diferencias políticas con medidas institucionales y, por el momento, no anunció el retiro de su representante diplomático en Brasil, aunque fuentes diplomáticas consideran que esa posibilidad permanece abierta.
El conflicto ocurre en un contexto de fuerte polarización política en Brasil, donde Lula busca la reelección en los comicios previstos para octubre. Milei manifestó públicamente su respaldo al candidato Flávio Bolsonaro y afirmó que espera que «Brasil se pinte de azul», al tiempo que volvió a cuestionar al actual mandatario brasileño y a la izquierda regional.
La decisión de Brasil representa un hecho inusual en la relación entre los principales socios del Mercosur. La reducción del nivel diplomático marca un nuevo capítulo en un vínculo estratégico para ambos países y abre un escenario de incertidumbre respecto de la cooperación política, económica y comercial entre los dos gobiernos.
La escalada ocurre en un momento de alta sensibilidad política tanto en Argentina como en Brasil. Mientras Lula concentra su campaña electoral y Milei profundiza sus definiciones internacionales, la relación bilateral queda atravesada por un conflicto que ya trasciende las diferencias ideológicas y se expresa en decisiones diplomáticas concretas entre los dos países más importantes del Mercosur.




