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“Gobernar es igualar oportunidades”: política, gestión y el legado de Francisco en diálogo con Miguel Siciliano

El reciente ministro de Vinculación y Gestión Institucional de Córdoba, Miguel Siciliano, defiende al justicialismo como “una filosofía” basada en la comunidad y la igualdad de oportunidades. En entrevista con Cuchá, habla del rol del Estado, reivindica la gestión de Llaryora con eje en educación, empleo e infraestructura, marca diferencias con el libertarianismo, y encuentra en el legado del Papa Francisco una guía para bajar la confrontación y recuperar el diálogo.

18 de febrero de 2026
en Informes Especiales

En Córdoba, la conversación política suele quedar atrapada en un ida y vuelta de pertenencias y rótulos —a veces como señas de identidad, otras como formas rápidas de ubicarse en el mapa—, pero en cuanto se corre el velo aparecen discusiones más terrenales que atraviesan la vida diaria: qué cosas debe garantizar el Estado y cuáles puede potenciar sin asfixiar, cómo se organiza el desarrollo entre la capital y el interior, qué se considera “igualdad de oportunidades” en términos concretos y qué prioridades se sostienen cuando los recursos no alcanzan para todo. Entre diagnósticos, demandas y urgencias, esa pregunta de fondo —para qué sirve el Estado y qué modelo de provincia se quiere construir— termina ordenando muchas de las posiciones, incluso cuando no se la nombra. En ese cruce se ubica Miguel Siciliano, hoy ministro de Vinculación y Gestión Institucional del gobierno de Martín Llaryora.

Siciliano es abogado y tiene un recorrido largo en la gestión municipal y provincial —fue concejal de la ciudad de Córdoba y secretario de Gobierno del municipio—, y desde esa experiencia habla con una identidad política definida, aunque insiste en correrse de la lógica de la polarización para llevar la discusión a criterios de gestión y de comunidad. En diálogo con Cuchá, presenta al justicialismo como una filosofía vinculada a la igualdad de oportunidades, repasa políticas que pone como ejemplo —universidades en el interior, programas de empleo, inversión en infraestructura— y marca sus diferencias con el ideario libertario desde una defensa frontal de la salud, la educación y la universidad públicas, en una conversación que empieza por lo más esencial y va abriéndose hacia el resto.

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—Sos una persona que siempre ha estado en el peronismo. No te voy a preguntar por qué te hiciste peronista, sino por qué creés que el justicialismo es el camino para encontrar una sociedad mejor.

—Mirá, por varias razones. Primero, porque es un movimiento que nació en esta tierra: tiene las características de nuestra gente. Entonces, creo que es lo que mejor nos representa y lo que mejores herramientas nos da para interpretar lo que nos pasa. Segundo, porque es toda una filosofía. Una filosofía simple, popular, humanista, cultural. Y profundamente solidaria: el hombre no se realiza solo, se realiza en comunidad. Eso te permite pensar en intereses colectivos, en proyectos comunes, que son los que necesitás para tener un mejor país, una mejor provincia, y vivir mejor. Y tercero, y esto no es una frase mía: el justicialismo es el único movimiento en el mundo que hizo del amor una categoría política. El amor por el prójimo, el amor por la patria. Y esa característica lo vuelve, también, sumamente cristiano.

-¿Cómo se conjuga en Córdoba un proyecto justicialista con una provincia tan gorila?

–En realidad ahí vamos a tener que empezar a discutir un rato. Yo no sé si Córdoba es una provincia tan gorila, porque tenés que definir o discutir qué es ser gorila. Para mí el gorila es el que, qué sé yo, te regala un par de zapatillas que ya no usa porque están gastadas, viejas, y se pone contento porque te las regaló. Pero no quiere que vos te compres un par de zapatillas nuevas. El que no quiere que todos progresen, el que no quiere que a otro le vaya bien ¿Cómo te lo puedo ejemplificar? Es el que no tiene ni una maceta de tierra y, en una discusión de mesa, defiende al terrateniente y no al laburante. En el campo es al que le jode, al que lo ofusca, que a la gente le vaya bien, que progrese. Y Córdoba no es eso. Córdoba es una provincia que va para adelante. En la cancha -bueno, yo soy hincha de Talleres, pero pasa en todos lados- alentamos todos juntos al equipo. No importa si ahí hay un empresario, un empleado, un desocupado, un jubilado: estamos todos juntos. Y lo mismo pasa en nuestras escuelas y en las universidades públicas. En la universidad pública de Córdoba estudia gente de mucho dinero. ¿Por qué? Porque ser gorila no tiene que ver con tu condición económica, no tiene que ver con tu condición social: tiene que ver con tu cabeza. Ser gorila es ser un hijo de puta. Y el cordobés no es un hijo de puta. El cordobés es buena gente.

– ¿Qué tiene la gestión de Llaryora de Justicialista?

—Estamos haciendo dieciséis universidades en el interior del interior, para que una piba de Quilino, hija de un cabritero, que no puede venirse a Córdoba capital a estudiar, pueda estudiar en Deán Funes. Dieciséis estamos abriendo en todo el territorio provincial. El boleto para los estudiantes en Córdoba es gratuito. En Córdoba tenemos PPP, para que un pibe de 18 años que va a buscar laburo y le dicen “experiencia”, y él dice “no, maestro, tengo 18 años, no tengo experiencia”, bueno, pueda —con trabajo del Estado y del privado— conseguir laburo recién empezando. En Córdoba hay programas de empleo, hay programas vinculados a la vivienda. El concepto de trabajar el privado junto al Estado para encontrar más oportunidades es una realidad. En Córdoba entendemos que la obra de infraestructura mejora la calidad de vida de los que no pueden. Porque, qué sé yo, a lo mejor vos vivís en un country y está bien. Yo no tengo nada en contra de los que viven en un country, al contrario. Pero si vivís en un country, no necesitás el bacheo, la cloaca, la ruta. Entonces yo creo que Córdoba es un gobierno que entendió hace muchos años que las cuentas en orden son clave, porque si no fundís al Estado. O sea: tener tu Estado con superávit económico es clave. Pero la pregunta es: ¿para qué? ¿Qué hacés con ese superávit? Porque podés tener superávit para tener la plata en el banco… ahora, ¿qué hacés? Bueno, si ese superávit lo volcás al beneficio de la gente a la que tenés que gobernar, ahí es cuando entendés qué significa un gobierno con justicia social, con empatía, y que entienda. Para nosotros hay algo que es clave: gobernar es producir trabajo. Y eso es clave. Córdoba es la provincia que menos empleados públicos por habitante tiene. Dar trabajo no es nombrar gente en el Estado. De hecho, Córdoba, con menos empleo público, genera trabajo. Es llevar el gas natural a todos lados, llevar las rutas a todos lados, trabajar con los consorcios camineros y arreglar los caminos rurales en todos lados; generar rebaja impositiva; trabajar con las industrias para que en zonas que no se han desarrollado tanto —como el norte cordobés o el sur del sur— no les cobres impuestos: impuestos cero a las empresas que se radiquen ahí para fomentar el empleo. Entonces, esto es entender que gobernar es dar trabajo: es generar las condiciones desde el Estado para que el privado pueda invertir. Y cuando el privado invierte, aparece el empleo.

El martes 9 de diciembre de 2025, el gobernador Martín Llaryora tomó juramento al flamante ministro de Vinculación y Gestión Institucional, Miguel Siciliano.

El argumento se ordena en una idea: cuentas en orden, pero con destino. Desde ahí enumera políticas de gestión (universidades en el interior, boleto educativo, programas de empleo e incentivos productivos) y vuelve una y otra vez a la misma consigna: gobernar es generar trabajo y oportunidades.

– ¿Qué te diferencia del libertarianismo, del anarco capitalismo o como se refieran a la línea política de LLA?

Bueno, yo no creo en esta grieta en la que nos han metido a propósito, porque acá, si decís que tenés alguna diferencia respecto a los libertarios, es porque “sos kirchnerista”. Y no. Yo tengo muchas diferencias con los libertarios y con los kirchneristas. Por ejemplo, para mí la salud pública es extraordinaria. Para mí la educación pública es extraordinaria. La universidad pública es extraordinaria. Porque cuando vos tenés que llevar a tu hijo, a tu vieja, a tu esposa —que sea mamá— a algún lado… bueno, si tenés dinero capaz que podés llevarla a una clínica privada y no te importa el Estado. ¿Y cuando no tenés? Cuando te enterás que tu vieja tiene cáncer de mama, cuando vos te tenés que ir a atender para sacarte una muela, cuando tu hijo se quebró… ¿qué hacés si el Estado no te atiende en un hospital público? ¿A dónde lo llevás? Hay algunos que creen que a la universidad no hay que financiarla. Y yo digo: ¿dónde va a estudiar el que no puede pagar la cuota de una privada? Bueno, algunos dirán “que se las arregle, que no estudie”. Yo no creo en eso.

En su respuesta, Siciliano arranca corriéndose de las etiquetas y discutiendo la lógica de la grieta, pero rápidamente baja el debate a situaciones concretas: qué pasa cuando la plata no alcanza, cuando aparece una urgencia médica o cuando estudiar depende de poder pagar una cuota. Ahí es donde marca su diferencia de fondo con el ideario libertario: no como una discusión abstracta, sino como una definición sobre el rol del Estado y sobre qué derechos —salud, educación, universidad— deberían estar garantizados más allá del bolsillo.

Yo creo en una sociedad, en una patria, en una provincia, en un Estado que le dé una mano a ese que no puede pagar la cuota de la universidad. Que le dé la oportunidad. Porque si le das la oportunidad, después las personas deciden qué hacer con esa oportunidad: aprovecharla o no. Para mí, gobernar es igualar en oportunidades, de eso se trata. Y algunos dicen: “bueno, pero no es gratis, porque la universidad gratuita no es gratis; la salud pública no es gratis”. Y sí, ya sé que no es gratis, más vale que no es gratis. Ahora, ¿de qué sirve un Estado si no es para trabajar para todos? Para los que tienen dinero y para los que no tienen dinero. ¿De qué sirve un Estado? ¿El concepto de patria, de bandera celeste y blanca, del himno, de San Martín, de nuestra historia… para qué sirve, si no es para darle oportunidad a los que la necesitan? ¿Qué nos hace comunidad? ¿Qué nos hace patria? ¿Qué nos hace argentinos? Hay gente que no tiene para morfar. Hay gente que trabaja y no le alcanza para pagar la cuota para que su hijo vaya a la universidad. Hay gente que necesita tratar una leucemia, un cáncer, e ir al Estado a que le dé el remedio. Yo creo que el Estado tiene que gobernar para todos, pero tiene que tener una mirada especial para los que no pueden.

– Mencionaste el cristianismo y sos una persona religiosa ¿Qué significó para vos el Papa Francisco?

– Yo me emociono cuando hablo del Papa. Para mí el Papa Francisco fue un ejemplo de humanidad. Para mí, fue el argentino más maravilloso. Y aún hoy, cuando veo fotos, me sigo emocionando con su humildad. Francisco, para mí, fue un ejemplo: un dirigente al que le tocó presidir el Estado del Vaticano y que nos enseñó muchas cosas. Y nos enseñó, principalmente, a no dividirnos: a no agrietarnos, a no insultarnos, a no gritarnos, a respetarnos. Ojalá logremos superar antagonismos. Ojalá tengamos la inteligencia, como país, de entender que aquellos que nos quieren dividir están pensando en ellos. Porque a los que se gritan entre ellos, agrietar la sociedad les sirve a los políticos y a los medios; y en el medio la gente la pasa mal. Ojalá tengamos la inteligencia de escuchar más, de leer más, de atender más el legado del mejor de los argentinos, que fue Francisco. Muchos dicen que Francisco era peronista. Y yo digo: le gustaba la universidad pública, le gustaba la salud pública, le gustaba la igualdad de oportunidades, le gustaba el Estado presente. Le gustaba el fútbol, era futbolero; le gustaba el asado; le gustaba lo familiar, el encuentro; le gustaba la bandera argentina. Francisco no era peronista. Francisco era el mejor de los argentinos.

Hacia el final de la charla, Siciliano retoma una idea que atraviesa toda la entrevista: bajar el volumen de la confrontación y recuperar el diálogo. En ese marco, el Papa Francisco aparece como una referencia personal y política a la vez: lo menciona por su humildad y por un mensaje que, según plantea, invita a respetarnos y a no profundizar divisiones. Desde esa lectura, enlaza el legado de Francisco con su defensa del Estado como herramienta para garantizar oportunidades —salud, educación y contención— y con una consigna que repite durante la nota: gobernar es estar cerca de quienes más lo necesitan, “con el corazón junto a la gente”.

Etiquetas: CordobaEntrevistaPoliticaSociedad
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