Con una inversión pública cercana a los 690 millones de dólares, el CAREM constituye uno de los desarrollos tecnológicos más importantes de la industria nuclear argentina. Sin embargo, trabajadores e investigadores denuncian que el abandono comenzó a provocar un deterioro progresivo de instalaciones y equipamiento que demandaron décadas de planificación y desarrollo.
Entre las principales preocupaciones figura el estado de conservación del predio ubicado en Lima, partido de Zárate. Según testimonios de personal de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), distintos sectores del complejo sufrieron inundaciones, el edificio destinado a la futura turbina permanece sin protección adecuada y numerosos componentes tecnológicos esperan almacenados sin las condiciones necesarias para su preservación.
El deterioro material ocurre en paralelo con una fuerte reducción del personal especializado. Decenas de trabajadores vinculados al proyecto fueron despedidos y otros profesionales abandonaron el organismo para incorporarse a empresas privadas atraídos por mejores condiciones salariales. Investigadores sostienen que esa pérdida de capital humano resulta tan grave como el deterioro físico de la obra, debido al conocimiento específico acumulado durante años de trabajo.
Al mismo tiempo, la conducción de la CNEA autorizó visitas de empresas privadas nacionales y extranjeras a instalaciones y activos del organismo. La medida habilita el acceso a infraestructura, documentación técnica y capacidades institucionales con potencial interés para futuras iniciativas privadas, una decisión que despertó preocupación entre científicos y trabajadores del sector.

El contexto coincide con el anuncio del Gobierno de una inversión privada para desarrollar un reactor modular de nueva generación en el predio de Atucha. La iniciativa es impulsada por Meitner Energy, una empresa radicada en Estados Unidos que incorporó a varios exprofesionales provenientes de la CNEA y de otros organismos vinculados al desarrollo nuclear argentino.
Las críticas provenientes del ámbito científico apuntan a que el país atraviesa un proceso de desfinanciamiento de proyectos estratégicos mientras se facilita la participación de capitales privados sobre capacidades tecnológicas desarrolladas con inversión pública. Investigadores y exautoridades del organismo consideran que esta política compromete décadas de formación de recursos humanos altamente especializados.
La situación del CAREM no constituye un caso aislado. También se registran dificultades en otros proyectos estratégicos como el reactor multipropósito RA-10 y el Complejo Tecnológico Pilcaniyeu, dedicado al enriquecimiento de uranio. Especialistas advierten que el retroceso de estas iniciativas pone en riesgo la posición alcanzada por Argentina entre los pocos países capaces de dominar integralmente el ciclo del combustible nuclear.
Para trabajadores, científicos y referentes del sector, lo que hoy está en discusión excede la continuidad de una obra pública. Se trata del futuro de una política de desarrollo científico y tecnológico que permitió al país construir capacidades propias en un área considerada estratégica a nivel mundial, en un contexto en el que la demanda por reactores modulares pequeños continúa creciendo.




