Aunque el conflicto por la soberanía de las Islas Malvinas suele asociarse a la guerra de 1982, los vínculos históricos de la Argentina con el archipiélago son anteriores y se expresan en múltiples formas. Algunas de ellas, menos difundidas en los relatos tradicionales, involucran a protagonistas como María “La Grande” y Antonio “el Gaucho” Rivero, cuyas acciones en el siglo XIX dejan una marca en la historia del sur.
María “La Grande” fue una reconocida líder tehuelche, con fuerte influencia política y diplomática en la Patagonia a comienzos del siglo XIX. Gobernaba extensos territorios desde el río Negro hasta el estrecho de Magallanes, y tejía relaciones con comerciantes, navegantes y representantes de las autoridades argentinas. En 1831, fue invitada por Luis Vernet —comandante político y militar argentino en Malvinas— a visitar las islas. Acompañada por su comunidad, fue recibida con respeto en Puerto Luis, consolidando lazos entre pueblos originarios y pobladores criollos.
Su visita representó algo más que un intercambio cultural: fue un acto de reconocimiento territorial. María fue la primera gran autoridad indígena en pisar las Malvinas, y su presencia evidencia que el archipiélago formaba parte de una red de relaciones sociales, políticas y comerciales que unía el continente con las islas.
Apenas dos años después, en 1833, el Reino Unido ocupó las Malvinas por la fuerza. En ese contexto, el Gaucho Rivero —nacido en Entre Ríos y empleado como peón en las islas— encabezó una rebelión junto a un grupo de criollos e indígenas. Con escasos recursos y sin respaldo militar, resistieron la presencia británica y retomaron el control de Puerto Soledad durante varios meses, en lo que fue la primera acción armada de rechazo a la ocupación.

Rivero fue finalmente capturado y trasladado fuera del territorio por las tropas británicas. Durante mucho tiempo, su historia fue ignorada o minimizada en los relatos oficiales. Sin embargo, hoy es considerado un símbolo de la resistencia popular frente a la usurpación colonial.
Las huellas de María “La Grande” y el Gaucho Rivero permiten pensar la soberanía como un proceso histórico más amplio, que no se limita a lo militar ni a lo estatal. Sus acciones recuperan otras formas de presencia, de reconocimiento y de defensa del territorio, ancladas en la experiencia popular, indígena y criolla. Recordarlos es ampliar el horizonte de la memoria y comprender que la historia en Malvinas también se tejió a pie, con palabras, vínculos y resistencia.